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PALABRAS




Las palabras son como
humo en el viento
turbulencia, torrente
despeñadas sin tiempo.
Volátil como el humo
la palabra es el eco
rebotando en la nada
en mitad del silencio.
Yo amo la palabra;
aunque más amo el gesto
de los brazos amados
anudados al cuello.



ALAS




Dale a tus hijos alas
para volar muy lejos
deja que las estrellas
iluminen los sueños.
Sè un faro, una lámpara
encendida en el tiempo
cada noche sin luna
en la escarcha, en los flecos
del sol que permanece
más allá del invierno.
Y mira hacia lo alto
entre nubes y viento
verás como sonríen
con los brazos abiertos.


MACONDO




Bajo el tórrido sol de mediodía
En aquel mágico mundo trastocado
Reposaban los almendros polvorientos
Por el duende azul y transparente
De tu Macondo. Irreverente creador
De luces. El sortilegio de tu sueño
Desordenó los mundos sumergidos
Con peces de colores, estrellas submarinas
Y barcos naufragados
Con pálidas criaturas
Dormidas sin consuelo.
Al son de la palabra
Esa que nunca tiembla
Ante el fusil que acecha
Emboscado en la sombra
Desandaste caminos
Bordeando imperturbable
Abismos neblinosos
En remotos paisajes.
Alquimista del verbo;
Quien tuviera la magia
De trastocar el mundo
Repicando palabras
Del pantano a la lluvia
De la rosa de lata
Coronando la frente
De una pobre muchacha
Soñando ingenuamente
En su reino de nada.
Quizás en las arenas
De aquella Aracataca
La volanda de pájaros
Otra vez desbandada
Se descuelgue en la lluvia
Con las alas tronchadas
Tal vez las mariposas
Amarillas, cansadas
Hayan cesado el vuelo
Agónicas y tardas
Al saber que allá lejos
El amor se desangra.
Qué larga soledad
Nos apretuja el alma
Cien años es muy poco
Para tu ausencia larga.
Que no cese tu barco
De navegar las aguas
Rio arriba, rio abajo
La proa levantada
Hacia el tórrido sol
En plena madrugada.







EPÌNOME

Puedo reescribir los reversos    
Tristes, noches estrellándose
Contra las estrellas, tiritando
Lejos como azules titiriteros
Los astrales astros que no volverán
Golondrinándose oscuramente
En los balcones. Analfabetos
De sueños. De sueños y de nombres;
Del amor solo, absurdamente solo
En sordina.
Que no, que no te quiero verde,
Sin caballo ni montaña acaballándose
En el río de los espejos sin plata.
Que no, no, no, no te quiero
Quiero, quiero, quiero verde
Verdiazul, verdiblanca, verdirrosa
Verde luna sin gitana.
Mira como se puso tu piel
Porque no recuerdo, tu sangre
Sangrante río de sangre, cauce
Abierto de tu pecho.
Pensar que no pienso
Nada, cuando pienso
Que te quiero
Y soy una mujer viuda
Tres veces, viuda
Por eso en mi viudedad
Olvido, y olvidándolo recuerdo
Que en ese muro de arena
Levantado contra el viento
No sé si te quiero, quiero
O si olvidándote tanto
Ese olvido es un tormento
Tormentoso de agonía
Pensando que no te pienso.            


PRIMIGENIO VERBO

Amado, yo venía
desde el fondo del tiempo
creía en la ternura
en la aurora y el beso.
La curva de mi boca
conjugaba aquel verbo
frutal y fascinante
del vocablo primero.
Por sobre la montaña
a través del desierto
entre rocas oscuras
o frágiles veleros
caminando venía
desde el fondo del tiempo
presintiendo en la niebla
las luces de tu puerto.
Yo no sabía entonces
de este hondo misterio
que desde lo insondable
venía a nuestro encuentro
como un duende encendido
de amor. El sortilegio
trastocó las raíces
sobornó los comienzos
y puso en el otoño
un rojo sol de fuego.
Tú tampoco sabías
amado, el sortilegio
de la luna rodando
sobre el tapiz del cielo
y dormías tu sueño
de ceniza y bostezo
de espaldas a la vida
y al fuego del incendio
insensible a la rosa
y al vértigo del vuelo
enredando palabras
fugaces como el viento.
Y emergimos de súbito
desde el fondo del tiempo
como emergen los astros
en la curva del cielo.
Y supimos entonces
del amor el secreto
que nos quemó la sangre
y caló hasta los huesos.
Desde entonces, fundidos
piel a piel , beso a beso
encendimos las lámparas
rescatamos los vuelos
incendiamos los mares
con hogueras de sueños
y en milagro inaudito
detuvimos el Tiempo.
               
             
                                            
   

PROXIMUS

Mientras el humo no llegue
a oscurecer la tierra
y el azufre esté relegado
al polvo del olvido
seamos, prójimo mío, muchedumbre
de paz hasta que no haya luna;
desde el río hasta los confines
de la tierra, junto a los moradores
del desierto hagamos florecer
los días de justicia. Un puñado
de granos echemos sobre las cumbres
de los montes; perpetuemos la rosa
el árbol y la hierba, para que pájaros
sobrevivan en el espacio y los mares
cobijen criaturas ligeras.
Hagamos desandar el tiempo
para que la injusticia no sea
para que la guerra no sea,
para que el traidor no perdure
y el enemigo duerma.
Levantemos las manos a las nubes
limpias de ajena sangre
para entrar en el tiempo de siembra
hasta que dure el sol.
Las manos levantadas, los unos
y los otros, prójimo mío,
todos, todos, todos
hasta que la última estrella
se apague en los confines del universo.



DEL SUR

Del sur, ha llegado del sur
        como el viento pampero, desatado
  barriendo a su paso indiferente
        los nidos de gorriones. Espantando
       a pájaros y bestias. Sorprendiendo
  la rosa y la cosecha. Ha llegado
del sur. Por caminos  extraños
   desatando con mano estremecida
uno a uno los nudos del pasado.
    Interrogué al poniente las razones
       de este incendio de rosas en la tarde
      del cáliz pleno en mitad del tiempo
y la porfía eterna de la sangre.
        Interrogué a la noche, a los caminos
         que no regresan jamás. A la constante
esplendidez del cosmos florecido
   como una boca nuclear avasallante.
      Interrogué a la esfinge que inmutable
en el desierto hostil, burla burlando
           Nadie responde. Hay un silencio cómplice
Pero aún así, sigo interrogando.





DELIRIO



Asomada a las puertas de la vida
inconmensurable plinto del arcano
abrazóme tus rosas de verano
en huerto rebosante de alegría

antiguas bocas por la tuya hablaron
y en estupor de cimas encendidas
mi túnica rasgué. Sonrió la vida
y todos los océanos temblaron

nadie detuvo el vuelo fulminante
tiempo y espacio fueron al instante
extraño fuego quemando los rosales

y en ese incendio de pasiones locas
esclavizóme el duende de tu boca
en augusta heredad de vendavales.

FURTIVO




Alfarero: alcánzame ese barro
que utilizas para modelar tu sueño
que está la luna llena y pronto ha de morir.

Mientras nace la luna y muere lentamente
goza conmigo pues, este instante furtivo
amémonos ahora, mañana está distante
hoy es bella la rosa y más dorado el vino.
No te afanes amado, procurando respuestas
que solo el viento sabe y nadie ha comprendido
gocemos de la vida, el minuto es perfecto
y es eterna la sombra que conduce al olvido.
Hay misterios que nadie descifrar pudo nunca
¿a qué entonces inquietarnos? Dame el cáliz de vino
y bebamos el néctar que los dioses crearon
para encender de estrellas tu corazón y el mío.
   

CÓSMICO



De pie sobre la cumbre
casi fuera del cosmos
indiferente a todo cataclismo
lejos de las miserias
que asolan la tierra
indemne como un cometa
fugaz o un asteroide
más allá del sistema solar;
astronauta sin cápsula
sin nave ni tiempo.
Estatua viva de carne
te esperaba. Resuelta a cabalgar
todos los océanos
volteando sin temores las estrellas
para encender de a uno, los abismos
e iluminar los cráteres. Esencia
planetaria que nos mueve
hacia otro corazón. Cadenas
como nubes de tan leves
que en el alma nada pesan.
Para esperarte asi, amor, amor
anudé golondrinas con estrellas
hubo un revuelo de alas y de luces
que estremecieron de súbito la tierra
y en este lecho vertical de rosas
cantó el agua feliz, bajo la tierra.